jueves, 4 de junio de 2009

Un Churoso Bien Pollo.

“Esta Vida es como una morcilla, negra, pero sabrosa”-Burdo Refrán Campesino, muy poco pertinente con el cuento.
Nunca antes había visto los faros pasar tan rápido, era como una pequeña galaxia, constelaciones fugases, lastimosamente, no se podía dar el lujo de quedárselas viendo, había tan poco tiempo y tanto que hacer, un error y terminaba muerto debajo del puente. No se podía ver el velocímetro, no se podía amarrar el cinturón, no definía la situación, una prohibición total, pero en un evento tan ilegal, tales restricciones valían poco, al borde de la destrucción, jamás se había sentido tan libre.
Era inesperado, en verdad estaba ganando, tomaba cada curva como un profesional, las sorpresas nunca le habían gustado, pero tampoco le gustaba manejar, recordaba el estrés de los trancones, los policías y la carrera contra el tiempo, que al final siempre gana, pero si esa mañana no hubiera querido cambiar, tal vez la circunvalar seguiría siendo una cisterna de emergencia en vez del climax de su vida, correr se había vuelto la mejor decisión que había tomado*.
Esa mañana empezó como todas las demás, el se sentía horriblemente feo, tonto, solo y absurdo, ella seguía con el pero se acostaba con el vecino, su amigo, su jefe, su padre y su perro, el seguía pretendiendo que no lo sabía y que no le molestaba. Su Jefe siguió ignorándolo y menos preciándolo, siguió dando ejemplos de su poca virilidad. Bebió café, pero le sabia a sal, todo le sabia a sal, o eso quería creer él, porque su madre cada vez que le condimentaba la comida no le ponía sal, le ponía mierda, la vida le sabia a mierda. Esa noche hubiera terminado como todas las noches, si por la tarde no hubiera estrellado su auto.
Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis (Cliché, ¿dónde queda Jung?), no creía en las coincidencias y los accidentes, todo era buscado como auto castigo por parte de la persona, no era la primera vez que estrellaba su auto. El mecánico le explico que su seguro (al cual compro con mucho miedo) le cubriría el accidente y estaría encantado de arreglarle el auto, mientras tanto tendría que usar un pequeño Clio Racing. El se enojo, su antiguo, de gama media, pero costoso Mercedes definitivamente era un mejor automóvil que un Renault, todos en Colombia tienen un Renault, todos los mecánicos conocen mejor a los Renault, el ya se sentía muy común, manejar un Renault era tal vez el mejor insulto del destino que había tenido.
Sintió el mediocre pero potente motor, en auto tan pequeño, parecía hacer algo de trabajo. No pensó, no volvió a pensar, y quiso morir, el sonido lo deprimía, busco una forma difícil, complicada y estúpida para morir, tal y como a él le gustaba. Queria una carrera, Need for Speed, The Fast And The Furious… El Carro. Sí moría en un accidente, seria recordado como una estrella negra, eso era mejor que una tumba descuidada por su mujer. Había Decido ir a la Circunvalar, había escuchado que ahí se hacían piques, porque donde no hay semáforos, no hay policías, el transito y los peatones no importaban, el abuelo cruzando la calle vale cincuenta puntos, el niño jugando con la pelota vale cien puntos, el perro vale diez y el ciclista vale setenta.
Su Joven jefe estaba ahí, el siempre había sido el más inteligente, mas cool, más sexy, más rico, más influyente, tales cualidades (y ser el hijo del presidente) lo volvieron candidato inmediato a Jefe. Y ahí estaba, con su modificado, carcasa de Ford, pero quien sabe que carajos tenia adentro, rodeados de mujeres y sostenes (pero él la verdad hubiera preferido estar con aquel negro que miraba desde adentro del Diván), enseguida, lo reto, si moría, la culpa seria de él.
Lo que sigue fue inexplicable, la marca de salida la dio (según el) un cocodrilo disparando una ametralladora. Su Jefe estaba atrás, maldiciendo (o eso parece) odiándose, el adelante reía, poseído, maligno, horrible, pero feliz, delirantemente feliz, envuelto en maldad, le importaba muy poco la policía golpeando a los demás en la meta, o el haber golpeado el auto de un traqueto, el estaba ganando, no lo creía, ya no quería morir, quería hacerlo comer la misma escoria que el comía, y después claro, morir.
Paso la meta, mato a unos cuantos, siguió corriendo como bellaco, su Jefe, todavía sin asimilar la derrota, se le acerco mucho, el se sintió perseguido, presionado, le freno de golpe, derrapo y volvió a acelerar, el Jefe saco un Revolver, le disparo, el auto había perdido el control, se estrelló, cayó al fondo del rio contador (¿si se llama así?) que no era tan profundo. No hubo explosiones, mas si muchos golpes, Sangro, sangro y se reía como loca. Se disponía a morir, le alegro tanto morir, se resigno, cerró los ojos con una sonrisa, y se vio ir.
Despertó en la sala de un hospital, al principio le dio dolor no morir, pero luego le alegro haber ganado. Todo había salido bien, como su Jefe también estaba involucrado en los crímenes, a ninguno de los dos los juzgaron. Su jefe se había acercado con sonrisas, flores y muchos aumentos, le dijo que esperaba que se recuperara y que dejaran todo en el pasado.
El, Feliz como nunca antes lo había sido, le escupió en la boca con egocéntrica maldad mientras decía: “¡Te Gané Maricón!”

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*Referencia a Jeux garçons, “Mejor que el futbol, que el sexo que los trances del Dalai Lama, que el Crack, mejor que la vida misma.”

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