Jose Carlos Vanegas Pérez.
“La Fiebre pasó, la Rabia también, la lógica por fin se nos deshizo en la boca.”-Naturaleza Sangre.
Una inexplicable resaca de whisky invade mi cuerpo. Ayer no bebí, no me acosté tarde, solo Salí un rato, aun así, tengo esta sensación de deshidratación, de remordimiento, ¿qué hice anoche?, no, no lo recuerdo.
Una inexplicable memoria de la velada invade mi cuerpo. Ayer empezó como todos los demás días, tomo un giro inexplicable, uno de esos giros que para algunos le dan significado a las cosas, parece indicarles que van por buen camino, que la meta esta cada vez más cerca, idea que encuentro bizarra, me llena de miedo. En mi caso, me contente con la incomparable sensación de alegría que se experimenta en momentos así.
Una inexplicable ráfaga de ideas invade mi cabeza. No dejo de pensar en el hecho que hay algo mejor, la razón de mis desvelos. Está claro que tal cosa puede ser solo una mujer.
Una inexplicable película de recuerdos mojados invade mis ojos. Una noche verde y amarrilla, un chico triste y maltratado, sonriendo hipócritamente, atrae sin saberlo la atención de una chica, luego de otra, y entre las dos le enseñan que las cosas son más simple de lo que parecen. El mismo chico, más confiado, atrae la atención de una chica pasada de tragos, mayor que él, le enseña que los prejuicios no valen cuando el calor te asfixia. El mismo chico, ya más calmado, atrae la atención de una tierna rubia que lo escucha, que le enseña que el amor existe en pedacitos, que sin LCD también nos podemos perder en espacios sin caminos o alternativas. Un chico, muy desolado, atrae la atención de una chica que habla en lenguas extraña, y le enseño como sin intercambiar palabras las sabanas también se manchan. Un chico, ya cansado, atrae la atención de un amor pasado, queriéndose perder en sus labios, una serie de eventos burocráticos lo apartaron y un apático no por lado y lado cerro el trato, le enseño que todo se contamina.
Una inexplicable sensación de lastima invade mi cuerpo. Ese mismo chico ya no vuelto a llamar la atención, ya no espera, la presa quiere ser cazador. La razón de sus desvelos no es más que una necesidad sin justificación.
Una inexplicable ola de desesperos invade mi alma. Alma que no tengo, idea que me mata, ¿Por qué he de ir despacio?, miedo a fallar, miedo a asustar, ven conejito, no te asustes, ya sé que el amor da miedo.
Una inexplicable satisfacción invade mi pecho. Estoy relajado, solo fue necesario ser español y tener un amigo argentino en un taxi para olvidar todo así sea un rato.
Una inexplicable justificación invade mi cabeza. Ya sé por qué hice las cosas que hice, ya sé porque siento las cosas que siento, no quería saber, pero ya que se puede hacer, no hay marcha atrás.
Una inexplicable incertidumbre llega con el alba. Solo el tiempo me dará calma, quien sabe a donde puedas tu llegar, sorpréndeme mujer, te quiero ver, deléitame, muéstrame eso que nunca has mostrado, yo por mi parte prometo hacer el té. Cientos de “sientos”, miles de asientos, uno pretende elegir uno, solo uno, no se pueden estirar las piernas, no hay que ser ambicioso, aprendí algo con la historia del gato.
Una inexplicable aberración por los celos invade el tiempo. No hay justificación alguna, apenas si me consideras, apenas si alguna de ellas me amo, apenas si una de ellas me pario, y pretendemos ambos lados ser amos de los otros: “Las cosas son simples, o estas con migo o te vas”. Hay que llorar mas, eso está claro, solo porque vamos bien, no podemos pretender que va a ser a la hora del té, que por cierto, ya te dije, que va por mi cuenta.
Ya no hay nada inexplicable, todo se hizo evidente.
Amanece la duda. Apenas me identifica, apenas me valora, apenas, apenas esto empieza, y yo ya estoy fatigado, va a ganar, está claro. Habrá que ser amigo, caballero juguetón, pero más caballero, menos amigo, mirar la cosa, pero no tomarla, jugar al otro juego, una nueva experiencia es lo que me propones, lo tomo, me arriesgo, me ahoga, pero, ¡qué más da si me ahogo!
Amanece la Razón. Conclusión, estoy jodido y sin esperanza.
Salud y larga vida entonces querida, que te vaya bien, Buena suerte, que todos tus sueños se hagan realidad. Hasta luego, ya no me querrás ver jamás. Pero siempre tuyo, hasta que todo esto nos pase, a ti la incomodidad y a mí la “Incomodidad”.
Es hora de migrar, la temporada va a pasar, si no llego al norte mañana me voy a quedar a atrás. Pero a ti te van a cocinar.
Amor de Salmón.
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